Una jungla de asfalto con un alma cálida, eso es São Paulo. Una de las ciudades más grandes del mundo, a primera vista puede parecer intimidatoria y fría, pero los paulistas hacen todo lo posible para recibir bien a los turistas y su alegría es contagiosa.
Lo primero que notarás al aterrizar en São Paulo es que la ciudad es un verdadero crisol de culturas. Inmigrantes procedentes de Japón, Italia, Portugal y Líbano se han asentado aquí en los últimos años. El barrio de Liberdade, por ejemplo, tiene la mayor comunidad asiática fuera de China. Y es precisamente esta diversidad cultural la que hace de la ciudad un lugar tan cosmopolita y excitante para visitar.
Explorar la ciudad a pie es la mejor manera de evitar el insoportable tráfico. Haz una parada en sus museos de arte de primera categoría. Los coleccionistas y aficionados al arte de todo el mundo vienen aquí a visitar la Pinacoteca del Estado y el Museo de Arte de São Paulo (MASP), que albergan impresionantes obras de arte brasileño, así como trabajos de Picasso y Monet. La ciudad es también un paraíso para los amantes de las compras y donde encontrar desde piezas de diseñadores internacionales hasta artesanía local. Después de un largo día de turismo por la ciudad hay que tomar un trago de “chopp” frío (cerveza) y “picanha” en cualquier “churrascaria”.
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