Estambul tiene una situación geográfica privilegiada: situada en el estrecho del Bósforo y puente entre Europa y Asia, la ciudad tiene una gloriosa historia imperial como capital de cuatro imperios: romano, latino, bizantino y otomano.
La rica herencia cultural de Estambul se hace ya evidente en las piedras adoquinadas del inmenso gran bazar que convive con el alboroto de comerciantes y turistas, en el Aya Sofya (la iglesia de la Santa Sabiduría o más conocida por su nombre griego, Santa Sofía) y en el palacio de Topkapi (Topkapi Sarayi), residencia oficial de los sultanes otomanos durante más de 400 años.
La comida turca es magnífica Entre los platos más famosos están los kebabs, mercimek çorbasi (sopa de lentejas rojas), koftes (albóndigas), imán bayildi (una delicia de berenjena y tomate, cuyo nombre se traduce como “el sacerdote lloró”), borek (especie de pasta de la que hay cientos de variedades) y baklava.
Por supuesto, ningún viaje a Estambul estará completo sin una visita a un “hammam” o casa de baños o un viaje en ferri desde Eminönü (Europa) a Anadolu Kavagi (Asia).
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