La capital de Irlanda es vibrante, cosmopolita y bulliciosa, pero lo que de verdad da vida a Dublín es la alegría de su gente. Puede que sea una moderna ciudad de vidrio y acero, la favorita entre la gente de negocios, asistentes a conferencias y turistas, pero los dublineses siguen siendo muy simpáticos y de trato fácil.
Sus calles son georgianas y elegantes con bulliciosas zonas comerciales, como Grafton Street al sur del río Liffey y Henry Street al norte, y con acogedores y agradables pubs, como el Davy Byrnes o el Mulligans en Poolbeg Street, dos de los mejores.
Los irlandeses tienen un profundo respeto por su pasado. Los principales lugares de interés turístico de la ciudad incluyen el Libro de Kells, un manuscrito ilustrado de los Evangelios datado del siglo IX, la biblioteca Chester Beatty, la Christ Church Cathedral, la biblioteca Marsh, el castillo de Dublín, el Museo de Parnell, la prisión Kilmainham Gaol, el estudio de Francis Bacon y, por supuesto, la fábrica de cerveza Guinness en St. James´s Gate, donde el líquido negro ha sido producido durante más de 250 años.
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